viernes, 20 de abril de 2012

Mis primeras impresiones....

Querida famlia, ya estoy aquí, en el otro lado del mundo. Es una sensación muy extraña. Es como si todavía no estuviera aquí. El vuelo no me fue pesado, dormí bastantes horas, porque el ritmo que llevé las últimas semanas fue de muy poco sueño. Pusieron dos películas y dieron de comer bien. Fui holgado porque iba mediado. Salió con retraso de Madrid, por lo que casi pierdo el enganche con Managua en san José. Lo que sí se quedó atrás fue la maleta. Así que llegué y tuvimos que estar Tarscicio (el coordinador del grupo) y yo más de lo esperado en la capital. Nos quedamos y comimos en el seminario. Nos trataron muy bien.
El IEME ha sido parte de la formación del seminario interdiocesano nacional por muchos años y es muy considerado allí. Por fin el jueves por la tarde recuperé la maleta y salimos para Nueva Guinea. Una de las parroquias donde estamos en el Vicariato. Aún sólo he visto a Tarsicio y hablado por teléfono con Claro Jesús. Isidoro está regresando de Cuba, Enrique está en España y Chepe y Mariano de gira por las comunidades hasta el día 24. Hace calor y humedad pero es más parecido a lo nuestro que Madrid. Tuvimos una tormenta nada más aterrizar.
Managua es un "pueblito" de un millón de habitantes pero pueblito al fin y al cabo. Vimos a Mons. Pablo nada más llegar porque estaba en Managua que me pareció un hombre muy sencillo y cercano.
Lo más pesado fue el largo viaje en el carro hasta Nueva Guinea. Han terminado la carretera asfaltada hasta aquí. Pero aún así son cinco horas y salimos a las 18 horas, lo cual ya es noche cerrada. Llegamos cerca de las 23 horas (de madrugada vamos). La vida empieza antes de las 5 de la mañana. Hoy ya estaban jugando al fútbol al lado de la casa cural, entre eso y el gallo que tenía al tronco'l oído pues mira. De todas formas en el coche vine cabeceando todo el tiempo.
Nueva Guinea es capital de municipio dentro del RAAS (Región Autónoma del Atlántico Sur), se supone que es ciudad (unos 25.000 habitantes) pero a mí me parece un pueblito de calles sin asfaltar, terriblemente embarradas. La gente y las casas son muy, muy, muy sencillas; todo el mundo camina sin cesar, y las guaguas y camionetas van hasta las tachas.
De momento todo es muy distinto, extraño, desbordante. Me costará un tiempo renacer, pero sé que estoy donde papaíto quiere.

Les quiero, PAblo.

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