martes, 19 de junio de 2012

Morgan Freeman, los mineros, unos jóvenes muy activos y un vino olvidado…

Mina Rosita, 19 de junio de 2012.
Queridos-as todos-as.
Les sigo saludando desde la RAAN, la parte norte de esta costa Atlántica. Es mucho más verde (¡más todavía!) y más llena de rostros con caracteres indígenas, algunos en estado puro y con escaso conocimiento de lengua castellana. Estos días que estoy en este centro del triángulo minero que es Rosita, he tenido la oportunidad de pasar también unos días en Bonanza que actualmente es el sitio más activo de la minería. Hay gigantescas zonas de extracción de oro de gran pureza que extrae, sobre todo, una empresa gringa-canadiense que se llama Hemco, que también produce energía eléctrica a través de una preciosa presa con su salto hidroeléctrico y productos forestales. También hay minería familiar, llamada guirisería, donde, por desgracia trabajan también niños-as. Una familia de estas está financiando completamente la construcción de la capilla de la comunidad de Los Cocos, a la salida de Bonanza, que está llamada a ser el futuro centro pastoral de la ciudad, porque hacia allí se está desplazando la población y el centro. La vieja iglesia de Santa Teresita del niño Jesús, tiene forma de barco vuelto del revés, donde el casco sería el techo. La parroquia tiene un grupo de trabajadores-as laicos-as muy potente, y dos sacerdotes, el jovencito Cristóbal, que es miskito y sólo tiene 6 meses de ordenado y el veterano Alberto Duque, de Colombia, a quien no pude conocer. Bonanza, está entre cerros, lomas y riscos, llenos de vegetación y árboles y de galerías de oro que da riqueza pero también problemas. En sus calles y andenes empinados, me sentí un poco como en Las Palmas, con sus barrios en alto, como el muy querido donde nací de Escaleritas. Subiendo y bajando recordé la escalera del López Socas que tantas veces subí y bajé con sus más de doscientos escalones. En Bonanza pude ir a dos comunidades (Biltinia Central y el Ojochal). Allí nos acompañó entre otros, un particular Morgan Freeman, clavadito oigan. Se trata de Gregorio Downes. Más conocido como don Goyo, criollo hijo de Negro e India, delegado de la Palabra y exalcalde del municipio. Aunque nunca mezclan militancia política y trabajo apostólico, en eso son exquisitos. Es un hombre mayor pero muy animado que lleva varios ministerios en la parroquia y tiene un potente vozarrón de esos de coro góspel negro y mucha autoridad moral, fruto de su vida evangélica. El sábado, padre Cristóbal como un chavalo más, se calzó las botas de hule y con un grupo de acólitos-as, se fue una hora a pie bajo la lluvia y sobre el barro a una comunidad que estaba de ultreya, porque también hay cursillistas aquí. ¡De colores! Yo me quedé con algunos-as jóvenes limpiando el techo de la iglesia y haciendo el programa de radio bonanza pis-pis estéreo que la iglesia tiene, que se llama se hace camino al andar. Una muchachita que a su vez anima infancia misionera (preadolescentes) y dos muchachos más de pj, el sacristán con vocación sacerdotal y dos más, Osmara, Norbin, Carlos y Juan José. En Bonanza estuve del jueves 14 al domingo 17. Cuando padre Cristóbal me vino a dejar a Rosita al mediodía del domingo, con la camioneta cargada de los jóvenes que habíamos estado de convivencia en la mañana, padre Edgardo, el de Rosita, me tenía una misión reservada. Resulta que padre Tomás se había ido desde la mañana a una comunidad que se llama Risco de Oro, y se había dejado el vino de la misa atrás (aquí no es fácil encontrar vino porque no hay parras). Me pidió, por favor, que si podía acercárselo. Allá que me fui a una hora de camino en camioneta. Después de dos meses sigo estrenando cosas como convivir con miskitos y manejar el carro por primera vez en esta Centroamérica selvática y de caminos insufribles llenos de hoyos, piedras, barro y puentes derrumbados. Manejando por el atardecer caribeño, siempre relampagueante en este invierno tropical, recordé las conducciones por las también terribles pistas de tierra de la sabana mozambiqueña de Sabie. Todo fue providencial porque llevando el vino hacia la comunidad donde estaba Tomás, alguien me pidió raid, como dicen aquí a hacer autoestop. Era el delegado mismo de Risco de Oro, que se había venido en moto a Wasminona (a medio camino) porque no tenían ni luz ni sonido en Risco de Oro, a buscar equipo. La moto no había soportado más el maltrato de la carretera y lo dejó botado. Así que a través del vino olvidado, el Señor hizo recoger al delegado y el equipo de energía. Las cosas de Dios. Como ven cosas muy variadas, pero siempre llenas de vida, que es lo que más hay aquí. Sobre todo vida joven y activa, con carencias sí, pero con tantas posibilidades y activos a su favor que explotan como saben, que es un gusto estar a su lado y aprender de ellos a no ser un quejica mojigato que se echa atrás por la mínima dificultad. ¡Qué emocionante y regalo de papaíto-mamaíta ver que, sobre todo, las niñas de 11, 12, 13, 14, 15 años son unas luchadoras-sufridoras que dan ejemplo de trabajo y superación, sin casi ninguna recompensa! Estar ahí unas breves horas para decirles te quiero y ánimo, en nombre del Dios que no las abandona, me pone los piel de gallina. Gracias, diosito de la vida.

lunes, 11 de junio de 2012

Viajando por el país...

Queridos-as amigos-as.

He acabado mi periplo por los sitios donde estamos los curas del IEME. Ahora me he venido al Norte. A la RAAN -Región Autónoma del Atlántico Norte-. Es esta una organización administrativa algo compleja. El país esta dividido en departamentos, y estos en municipios. Pero la costa caribe son dos regiones autónomas con sus propios gobiernos, aunque no les dejan hacer mucho. Son muy centralistas en Managua. El Vicariato Apostólico de Bluefields comprende las dos regiones, dividido en dos vicarias que son las dos regiones. En total es más de la mitad del país -unos 55.000 km cuadrados-. Y es la parte más abandonada, porque históricamente no fue Nicaragua sino un protectorado británico que se alió con las etnias indígenas y los negros que trajeron al principio. Se hablan muchas lenguas indígenas y el ingles creol. El abandono de la gente por parte de sus gobernantes es total. Ni siquiera hay carreteras pavimentadas, sino auténticos barrizales intransitables cuando llueve. Tal es así que para pasar de una región a otra por tierra no se puede. Hay que ir hasta Managua y después volver a ir al mismo sitio pero más arriba. Por eso me pegué 27 horas de panga y bus -aquí se dice así- pegando botes por esos caminos, en una vieja ruta destartalada, llena de gente y cacharros. Es como si para ir de Sevilla a Cádiz, hubiera que ir hasta Madrid y vuelta, imagínense. Miren que he viajado días enteros seguidos en barcos, aviones, coches, trenes y guaguas por Europa, África, América del Norte, ... pero como este viaje ninguno. Vas bañado en pueblo. Lo mismo chinijos-as que viejitos-as. Todo el mundo con su simpatía habitual y su desparpajo nica que a los tímidos como yo tan bien nos viene. Nadie se queja, esto es lo que hay. En cada parada alguien te habla o te dice hermanito o mi amol, jijiji. Por eso uno deja de lamentarse y simplemente vive lo que todo el mundo. Ya en Rosita la realidad es mas pobre todavía. Muchos niños-as trabajan en la minería familiar o simplemente no acceden a la escuela o su casa es una chabola o sus familias están rotas. -Mi mamáa no me quiere-, te dicen sin inmutarse. Se te rompe el alma, porque son niños-as bien lindos y simpáticos. Como un grupo de acólitos-as preadolescentes numeroso que asaltan la casa de los curas de aquí a cada rato a grito pelado, -padre, padre, padre...- y te marean con sus ocurrencias peregrinas. Se sienten acogidos-as y en casa por los padres Edgardo y Tomás. Curas diocesanos salvadoreños, misioneros de otro país como nosotros. Hombres jóvenes y sencillos. Viven pobremente y sirve con alegría, preocupados por todos-as. Los-as chavalos-as ya me han adoptado como Padre Canario, que les hace mucha gracia. Aquí estoy con ellos, siendo testigo de que nada hay perdido. En medio del barro, reina la alegría de este pueblo joven y buscador de Dios, que canta y baila y celebra cada cosa por pequeña que sea. Con ellos he celebrado el Corpus en la ciudad -es un decir- y alguna comunidad de casitas de madera y chapa de zinc. La gente vive su sencillez en medio de una fe y un fervor que te admira. Sobre todo los jóvenes, auténticos misioneros en sus ambientes. Gracias Dios de la Vida!