lunes, 11 de junio de 2012

Viajando por el país...

Queridos-as amigos-as.

He acabado mi periplo por los sitios donde estamos los curas del IEME. Ahora me he venido al Norte. A la RAAN -Región Autónoma del Atlántico Norte-. Es esta una organización administrativa algo compleja. El país esta dividido en departamentos, y estos en municipios. Pero la costa caribe son dos regiones autónomas con sus propios gobiernos, aunque no les dejan hacer mucho. Son muy centralistas en Managua. El Vicariato Apostólico de Bluefields comprende las dos regiones, dividido en dos vicarias que son las dos regiones. En total es más de la mitad del país -unos 55.000 km cuadrados-. Y es la parte más abandonada, porque históricamente no fue Nicaragua sino un protectorado británico que se alió con las etnias indígenas y los negros que trajeron al principio. Se hablan muchas lenguas indígenas y el ingles creol. El abandono de la gente por parte de sus gobernantes es total. Ni siquiera hay carreteras pavimentadas, sino auténticos barrizales intransitables cuando llueve. Tal es así que para pasar de una región a otra por tierra no se puede. Hay que ir hasta Managua y después volver a ir al mismo sitio pero más arriba. Por eso me pegué 27 horas de panga y bus -aquí se dice así- pegando botes por esos caminos, en una vieja ruta destartalada, llena de gente y cacharros. Es como si para ir de Sevilla a Cádiz, hubiera que ir hasta Madrid y vuelta, imagínense. Miren que he viajado días enteros seguidos en barcos, aviones, coches, trenes y guaguas por Europa, África, América del Norte, ... pero como este viaje ninguno. Vas bañado en pueblo. Lo mismo chinijos-as que viejitos-as. Todo el mundo con su simpatía habitual y su desparpajo nica que a los tímidos como yo tan bien nos viene. Nadie se queja, esto es lo que hay. En cada parada alguien te habla o te dice hermanito o mi amol, jijiji. Por eso uno deja de lamentarse y simplemente vive lo que todo el mundo. Ya en Rosita la realidad es mas pobre todavía. Muchos niños-as trabajan en la minería familiar o simplemente no acceden a la escuela o su casa es una chabola o sus familias están rotas. -Mi mamáa no me quiere-, te dicen sin inmutarse. Se te rompe el alma, porque son niños-as bien lindos y simpáticos. Como un grupo de acólitos-as preadolescentes numeroso que asaltan la casa de los curas de aquí a cada rato a grito pelado, -padre, padre, padre...- y te marean con sus ocurrencias peregrinas. Se sienten acogidos-as y en casa por los padres Edgardo y Tomás. Curas diocesanos salvadoreños, misioneros de otro país como nosotros. Hombres jóvenes y sencillos. Viven pobremente y sirve con alegría, preocupados por todos-as. Los-as chavalos-as ya me han adoptado como Padre Canario, que les hace mucha gracia. Aquí estoy con ellos, siendo testigo de que nada hay perdido. En medio del barro, reina la alegría de este pueblo joven y buscador de Dios, que canta y baila y celebra cada cosa por pequeña que sea. Con ellos he celebrado el Corpus en la ciudad -es un decir- y alguna comunidad de casitas de madera y chapa de zinc. La gente vive su sencillez en medio de una fe y un fervor que te admira. Sobre todo los jóvenes, auténticos misioneros en sus ambientes. Gracias Dios de la Vida!

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