Bluefields, veintiséis de septiembre de 2012
Es conocida esa historia de un hombre pobre que iba lamentándose de su pobreza mientras caminaba comiendo un mendrugo de pan sin darse cuenta que detrás de él venía otro más pobre agarrando las migajas que él tiraba para comérselas.
Ahorita mismo llego del basurero de Bluefields, en el barrio del Pul. La loma más alta y abandonada de la población que se asienta alrededor de esta bahía preciosa pero contaminada. Fui con Miriam (una cooperante de Menorca que está un tiempo por aquí) y con Pablito (el encargado de mantenimiento de la casa cural de catedral) a botar basuras en dos viajes con la camioneta. Lo que se mira es desolador. La carretera en cuanto se acaba el barrio de Diecinueve de Julio, pasa a ser un lodazal. Las casitas se vuelven más precarias si cabe. Empiezas a ver a multitud de niños-as, mujeres embarazadas, ancianos-as, perros, chanchos y más, caminando juntos-as en medio de la basura. El vertedero está en medio del barrio. El olor es insoportable. No hay nada, sólo los residuos de todas clases amontonándose y la gente revolviendo entre ellos. La recogida municipal de basura es casi nula. No hay contenedores en ningún barrio de esta gran población de más de 50.000 habitantes. La gente llega con sus carros particulares y bota allí lo que trae. Como hacemos nosotros. Te parte el alma ver hermosos rostros de todas las edades abalanzarse sobre la camioneta para agarrar lo que nosotros hemos desechado.
No pretendo comparar dolores ni restar importancia a las situaciones críticas que el sistema neoliberal está creando en nuestro país. He seguido con dolor y preocupación, a la vez que con esperanza y solidaridad (y con deseo rabioso de estar allí gritando con el pueblo) la gran movilización del 25-S entorno al congreso en Madrid. Conozco gracias a los amigos-as que me informan de las acciones y propuestas que hay en marcha frente a los despropósitos de quienes nos gobiernan. Les apoyo y me siento de corazón unido a todo eso. Dios quiera que se alumbre algo nuevo para todos-as.
Pero no puedo evitar pensar que lo que veo aquí es el hombre pobre que va detrás del otro recogiendo lo que tira sin lamentarse. Estas cosas deben entrar en nuestros análisis. Nuestra mirada creativa y de propuesta frente a este sistema inhumano debe tener una visión amplia, que llegue más allá de nuestra frontera y abarque a toda la humanidad caída. Nicaragua es el segundo país más pobre de América Latina y la dictadura encubierta que padece es fruto de unas elecciones fraudulentas donde ni siquiera se contaron todos los votos de las mesas. Insisto que se debe seguir trabajando por la democracia en nuestros estados europeos y por transformar lo que una organización malévola de la sociedad nos está trayendo pero sin dejar de mirar horizontes amplios o al menos volvernos hacia detrás nuestro para ver quien más está recogiendo lo que nosotros tiramos.
martes, 25 de septiembre de 2012
Perdón por el atrevimiento…
Bluefields, veintiséis de septiembre de 2012
Es conocida esa historia de un hombre pobre que iba lamentándose de su pobreza mientras caminaba comiendo un mendrugo de pan sin darse cuenta que detrás de él venía otro más pobre agarrando las migajas que él tiraba para comérselas.
Ahorita mismo llego del basurero de Bluefields, en el barrio del Pul. La loma más alta y abandonada de la población que se asienta alrededor de esta bahía preciosa pero contaminada. Fui con Miriam (una cooperante de Menorca que está un tiempo por aquí) y con Pablito (el encargado de mantenimiento de la casa cural de catedral) a botar basuras en dos viajes con la camioneta. Lo que se mira es desolador. La carretera en cuanto se acaba el barrio de Diecinueve de Julio, pasa a ser un lodazal. Las casitas se vuelven más precarias si cabe. Empiezas a ver a multitud de niños-as, mujeres embarazadas, ancianos-as, perros, chanchos y más, caminando juntos-as en medio de la basura. El vertedero está en medio del barrio. El olor es insoportable. No hay nada, sólo los residuos de todas clases amontonándose y la gente revolviendo entre ellos. La recogida municipal de basura es casi nula. No hay contenedores en ningún barrio de esta gran población de más de 50.000 habitantes. La gente llega con sus carros particulares y bota allí lo que trae. Como hacemos nosotros. Te parte el alma ver hermosos rostros de todas las edades abalanzarse sobre la camioneta para agarrar lo que nosotros hemos desechado.
No pretendo comparar dolores ni restar importancia a las situaciones críticas que el sistema neoliberal está creando en nuestro país. He seguido con dolor y preocupación, a la vez que con esperanza y solidaridad (y con deseo rabioso de estar allí gritando con el pueblo) la gran movilización del 25-S entorno al congreso en Madrid. Conozco gracias a los amigos-as que me informan de las acciones y propuestas que hay en marcha frente a los despropósitos de quienes nos gobiernan. Les apoyo y me siento de corazón unido a todo eso. Dios quiera que se alumbre algo nuevo para todos-as.
Pero no puedo evitar pensar que lo que veo aquí es el hombre pobre que va detrás del otro recogiendo lo que tira sin lamentarse. Estas cosas deben entrar en nuestros análisis. Nuestra mirada creativa y de propuesta frente a este sistema inhumano debe tener una visión amplia, que llegue más allá de nuestra frontera y abarque a toda la humanidad caída. Nicaragua es el segundo país más pobre de América Latina y la dictadura encubierta que padece es fruto de unas elecciones fraudulentas donde ni siquiera se contaron todos los votos de las mesas. Insisto que se debe seguir trabajando por la democracia en nuestros estados europeos y por transformar lo que una organización malévola de la sociedad nos está trayendo pero sin dejar de mirar horizontes amplios o al menos volvernos hacia detrás nuestro para ver quien más está recogiendo lo que nosotros tiramos.
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