Que no caiga la fe, que no caiga
la esperanza… Así cantábamos con mis amigas las dominicas en la Pascua
de la parroquia de san Antonio Abad en Tamaraceite hace unos cuantos años
mientras agotaba mis últimos años de formación en el seminario.
Aquí no se rinde nadie, no se
rinde la flor, no se rinde la aurora, no se rinde el acero, no se rinde el
amor… cantábamos antes, en la Pascua de la parroquia de san Isidro
labrador en La Pardilla, mientras pasábamos personalmente por la pila bautismal
a renovar nuestra fe. Así se las enseñaba yo también a las familias
participantes de la pascua familiar en la finca de las dominicas en Valladolid
el año pasado, a pocos días antes de venirme a Nicaragua.
Aunque vengan vientos contrarios
no dar ni un paso atrás… dice la Madre Paulina, fundadora de la
Congregación de las Hermanitas de la Inmaculada Concepción, con quienes ahora
comparto vida y misión en esta parroquia de san Martín de Porres en Nueva
Guinea, Nicaragua.
Ahí en ese lado del Puente
Atlántico que nos une, sé que hay muchos motivos para rendirse, para recular o
para perder la fe y la esperanza. Sí sienten esa tentación, no se preocupen,
son humanos. Pero más humano es no tirar la toalla. En este lado del Puente
Atlántico, la gente también se desanima, y con frecuencia. Pero tras unos pasos
atrás, suelen tener la capacidad de volver a retomar el paso. Da igual que la
distancia entre sitio y sitio sea de varias horas en mula por medio de la selva
y pasadas lodosas. Da igual que no llegue la luz eléctrica, no haya señal
telefónica o agua corriente. Da igual que el centro de salud o la escuela más
cercanos no permitan el acceso a la mayoría. La gente siempre te recibe con una
sonrisa y un abrazo, con un vaso de zumo de frutas frescas en la mano y una
total disposición a servir. Pueden desanimarse, pero el acero de los machetes
vuelven a volar la maleza ante la bestia para que el misionero siga avanzando,
y la flor, la aurora, las personas y el amor no se rinden. No se da un paso
atrás y, aunque se caiga la carga de la bestia, o a veces hasta el torpe
jinete, no se cae la esperanza ni la fe. Lo pequeño, es motivo de alegría
grande, y con el día a día el Reino de Dios, con frutos de desarrollo humano
integral, avanza más que los vientos contrarios, que no deja de haberlos.
¡Feliz Pascua, herman@s! ¡Que su
Luz no envuelva y acaricie para una cosecha de Pura Vida!
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