Liverpool, 7th July 2015.
Los pasados días 29 de junio al 3 de julio, cuando el
calor arreciaba en el horno asfáltico capitalino de Madrid, un grupo amplio de
compañeros del IEME buscamos el mayor frescor de Los Molinos en las
estribaciones de Guadarrama para tener nuestra convivencia anual. Ha sido la primera
vez que yo participo desde que me incorporara al instituto hace poco más de
tres años. Según dicen los veteranos, había más número de participantes que
otras veces, y también más presencia joven y de compañeros que aún trabajan en
los lugares de destino.
Para mí ha sido una experiencia enriquecedora y
refrescante, pausando el intenso período de mejoramiento de la lengua inglesa en esta
ciudad del norte de Inglaterra. Hubo algo de trabajo, como informes de la
Dirección General y trabajo sobre los objetivos correspondientes a este año que
plantea la programación quinquenal de la misma. También hubo un día de clima
más reflexivo y orante, y otro de salida a Ávila a admirar parte de la edición
de este año de la exposición “Las edades del hombre (y la mujer)”,
especialmente dedicada este año a la Santa doctora abulense, en su quinto
centenario. Pero lo que más nos ocupó fue convivir y compartir. Muchos ratos de
oración, celebración, comida compartida, fiesta y alegría entre todos nosotros.
Tiempo para reencontrar a hermanos muy
queridos, algunos de los cuales hacía muchos años que no abrazaba.
Tiempo también para escuchar de primera mano, con ese
temblor verdadero y emocionado de nuestros mayores sus interminables anécdotas
y experiencias. Un grupo grande hacía bodas de oro y plata. Todo un tesoro de
vida entregada. Otros que renovaban sus compromisos temporales por cinco años
más, entre ellos nuestro querido paisano, Isidoro Sánchez, y hasta un nuevo navegante, Julián
Martín de Plasencia, que firmaba por primera vez en nuestra familia. Tiempo
para soñar el futuro inmediato. Un gozo especial fue abrazar a Mariano Martínez,
mi hermano de lucha infatigable estos últimos años en Nueva Guinea.
Tiempo también para reunirme con la mayoría de mi
nuevo grupo de Zambia y establecer los itinerarios que me llevaran a África,
siempre con Canarias y también Nicaragua en el corazón. Estos días me han
dejado un poso agradable que mezcla sabiamente lo nuevo y lo viejo para bien de los destinatari@s de la misión.
Yo seguiré en Inglaterra lo que queda de año, y con
Dios primero, estaré empezando la nueva presencia en África a inicios de 2016.
Un saludo entrañable a tod@s. El Puente Atlántico seguirá abierto.
Sí, creo es un gran privilegio contar con ese "baul" del que se sacan cosas y nuevas según conviene, como el Rabino sabio del Evangelio.
ResponderEliminarYo también gocé en muchos sentidos y creo el saber que todos nos hemos subido a un tren en marcha nos ayuda a sacar partido de la experiencia de todos los viajeros: los nuevos y los menos nuevos...
¡Así es! ¡Qué lindo! Un abrazo.
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