Liverpool, 2nd October
2015
Hace una semanita o así andaba
dando unas vueltitas por mis islitas y la península. Combinaba algo de visiteos
familiares con el ir arreglando ya los papeles legales para mi entrada en Zambia, lo cual está ya casi listo. El
caso es que en medio de esos trajines me llegó la comunicación de los
resultados del examen de inglés que hice con la Cambridge University. Fueron mejores de lo que yo esperaba, 182
sobre 190, que es el máximo para el nivel al que me presenté. Me conceden el
nivel C1, según el marco europeo para estas cuestiones. Estoy satisfecho. Pero
no es de esto de lo que quería hablar, sino de lo que me he ido y voy
encontrando mientras hago este perfeccionamiento de la lengua inglesa.
El día que me presenté al examen
aquí en Liverpool, 19 y 20 de agosto,
le puse nombre a algo que llevo viendo desde que llegué. El Reino Unido está plagado de jóvenes de
otras nacionalidades, especialmente del sur de Europa. En la sala del examen
habríamos alrededor de 25 personas. Yo sería de los más viejos, así que entre
20 y 40 años. Más de la mitad habíamos nacido en el estado Español y en la
república de Italia. Tod@s con carrera o carreras universitarias avanzadas o
terminadas: profesor@s, ingenier@s, arquitect@s, médicos, etc. Much@s de ell@s
con más de un año viviendo en esta trepidante ciudad de Liverpool, algun@s
hasta 2 y 3 años.
Efectivamente, las cocinas y
barras de restaurantes y bares de todo tipo están llenas de jóvenes
universitari@s y/o licenciad@s sureurope@s en Liverpool. Igual lo miré en London
cuando fui allá; en una taberna nos atendieron una chica de Plasencia y una de
Barcelona. Así es. También hay much@s buen@s enfermer@s español@s en
prestigiosos hospitales ingleses. Las razones son muchas y variadas, yo creo
que es una señal que acompaña a este momento que estamos viviendo. Hay mucha
ansia de movilidad, experiencias distintas, aprendizaje. Hay exigencias
laborales de dominio y conocimiento del inglés. Hay toda una serie de circunstancias
que lo propician y permiten.
Desde luego, y sin juzgar a
nadie ni tratar de establecer odiosas comparaciones -pues estar lejos de lo
originario de cada un@ siempre es duro y un hándicap importante-, nada tiene
que ver esta ola latina en Great Britain
con la lamentable situación de tantos miles de personas que huyen del horror de
la guerra, la pobreza, el fundamentalismo y la práctica salvaje del capitalismo
rampante que destroza áreas inmensas de Asia, América latina y África. La
hipocresía de los mafiosos legales que son la mayoría de los gobernantes de
Europa y Norteamérica y de otros sitios también, no ataca ni quiere atacar las
causas que generan la muerte indecente de tantos seres humanos que buscan
dignidad dentro y fuera de las fronteras de los países más acomodados. No las
atacan porque ellos mismos las han creado y mantienen para beneficiarse, como
fieles lacay@s del dios Mercado que devora sin cesar vidas y no se cansa de
exigir nuevas víctimas sacrificiales. Tarde o temprano l@s pequeñ@s, l@s
ordinari@s, la ciudadanía de a pie, tumbaremos el Capital, hay que tumbarlo.
Mientras tanto, desde mi atalaya
privilegiada de migrante que no huye sino que se mueve, seguiré recalcando que
no son iguales las situaciones y condiciones de las gentes que mueven su casa en este nuestro planeta. No quiero
perder el asombro ante lo que veo y en cuya realidad late la Presencia
escondida que nos llama a tod@s a seguirnos moviendo. Hay mendigos ingleses que
viven peor que algunos trabajadores/estudiantes sureuropeos que venimos aquí. Pero quienes llevan todas las de
perder son l@s componentes de la marea que se hunde en el mar de sal o de
desesperación porque ya no pueden estar en ninguna parte. Ataquemos las causas,
entre tod@s. Sí se puede. El trabajo de la hormiguita unida a otros millones de
hormiguitas puede desmontar y desmonta una selva entera.
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