El cereto[1]
está listo…
Liverpool,
20th October 2015
Much@s
recordarán Gente que mueve su casa. Para
quien no, es un precioso trabajo en colaboración de cuentos y canciones que
lanzó ese tinerfeño universal de Güímar que es nuestro Pedro Guerra. En ese material
sobre la multiculturalidad y la integración étnica hay una teoría, que ya les
he dicho en otras ocasiones y que a mí me ayuda mucho: cuando alguien mueve su casa, la casa de otro se mueve; mover puede ser
subir o bajar, abrir o atrancar, pero en cualquier caso siempre tiene que ser
cambiar. El título de esta entrada está inspirado en uno de los cuentos del
doble CD de dicho trabajo. El llamado, haciendo
cestas. En él, Kareem, un inmigrante amazigh del norte de Marruecos en
diferentes partes de la Península Ibérica, traza sus pasos fabricando cestas de
mimbre con la técnica ancestral de su pueblo. Cada cesta tiene que contener a
la anterior. Por tanto cada vez son más grandes. El punto que marca un cambio
vital es cuando la cesta es tan grande como para contener un cuerpo humano.
Mis
días en Liverpool siguen pasando intensa y rápidamente, más de lo que pensaba.
He vuelto a la academia un par de días en semana para mantener el nivel de la
lengua. De diversas parroquias y de aquí del propio monasterio redentorista
recibo encargos con los que me siento más o menos útil y ocupado, al tiempo que
practico la lengua de Shakespeare.
El pasado viernes 16,
fiesta de un joven santo redentorista italiano llamado Gerardo Majella, muy
venerado acá, Andy y Tim, celebraban
sus bodas de oro como religiosos. Durante la misa no pude contener las lágrimas
emocionadas ante la sinceridad y sencillez de su agradecimiento por una vida
plena de servicio a tod@s en Inglaterra y en Sudáfrica. Además a mi derecha
estaba William, que con una
considerable edad y tras una trombosis que le marca ostensiblemente su cuerpo,
sigue visitando a diario la prisión de Walton,
dando compañía y consuelo a es@s invisibles que son l@s privad@s de libertad. A
mi derecha, mi risueño y rubicundo amigo Tony
Jonhson, 46 años en las sabanas perdidas entre Botswana y Sudáfrica y
siempre de buen humor, con una palabra amable para mí. Me sentí chiquito y
bendecido rodeado de vidas de entrega: Andy,
Tim, Will, Tony… como aquella mano
temblorosa de Tarsicio mi primera nochebuena en mi linda Guineíta.
La semana pasada mientras
enseñaba los recovecos de esta interesante ciudad a una de las distintas
amistades que se van a animando a conocer el noroeste de Inglaterra mientras la
Vida me regala estar aquí, sentí esa familiaridad emotiva que te liga a los
sitios y la experiencia que hacés de ellos. Y le puse nombre al sentimiento:
echaré de menos esto. Todo eso que malamente les digo aquí y mucho más. Todo
está a punto de caramelo. El cereto está
listo: ya quepo en él. Cuando te ligas a los sitios y ellos a ti, es la
señal, la partida es inminente; ahora que ya un cachito de mi corazón ha
quedado pegado en esta verde ciudad portuaria, ahora preciosamente anaranjada y
roja por el bendito otoño y su asombrosa creatividad en la existencia toda de
los seres es hora de partir.
Con Zambia y sus
retos en el horizonte, y la retina llena
de pobrezas y riquezas también aquí en Inglaterra, reemprenderé el camino, tras
ÉL.
[1] Cereto es una palabra usada en el español de Canarias que
significa cesto grande de mimbre o caña.
Como siempre tus naraciones tienem sabor de poesias. De Inglaterra a África; que salto! Saludos Pablo desde Brasil
ResponderEliminarGracias. Sí es un salto. Pero no sé quién sos, porque aparecés como deconocido y no firmas.
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