Hola amig@s tod@s.
En los primeros días que estuve en La Guinea, ya saben que les
dije que anduvimos en la celebración de las confirmaciones en varias
comunidades de las de aquella zona con el obispo, Pablo Schmiz. En una de las
comidas él me dijo así: “Pablo, usted, como misionero aquí, tendrá que acostumbrarse a
vivir cambiando de siglo. Sí, mire, mientras está en la casa cural con Internet
y las comodidades está en el siglo XXI. En cuantito salga a la calle, aunque
sea en el sitio más central y grande, ya pasa al siglo XX. Y cuando se mete
montaña adentro a visitar las comunidades más alejadas, pasa al siglo XIX”.
Y es cierto que es así, mi gente. Esta semana he podido
comprobarlo. Desde el lunes 21 abandoné Bluefields (como ya les había dicho) y
me vine a Kukra Hill en panga rápida (como la que les puse cuando fui del Rama
a Bluefields), unos tres cuartos de hora. No es lejos y la mañana estaba
agradable. Aquí estoy todavía y la semana que viene también, con Enrique
Córdoba, otro de los compañeros del IEME.
Kukra Hill es la cabecera de un
municipio “pequeño” (unos 1500
km cuadrados y unos 17.000 habitantes, unos 7000 en el
pueblo) de esta RAAS caribeña. La parroquia está comenzando como tal. Enrique
está haciendo un muy buen trabajo. Son unas treinta comunidades en seis zonas
más la cabecera que se llama San Juan Bautista de la Salle.
Bueno, pues el martes salimos de gira misionera, como dicen aquí.
Que no tiene nada que ver con las giras de las sociedades y clubes de nuestra
tierra. Salimos el martes en ruta (así llaman al transporte pago, camioncitos o
buses más o menos regulares). Íbamos Enrique, Ricardo Calero (delegado de la
zona 6, aunque fuimos a la 4) para dar el tema de formación a las comunidades y,
finalmente, yo. Debíamos salir a las 8, pero fue a las 10, porque el de las 8,
jamás apareció. Lo cual trastocó todos los planes. Tras dos horas de dar botes
y tragar polvo por el camino por medio de inmensas zonas de plantación de palma
africana que gestiona una empresa de Costa Rica para hacer aceite de palma,
paramos 10 minutitos en La
Fonseca (que no es la misma que la de Nueva Guinea), tomamos
algo y seguimos media hora más, hasta el punto donde nos esperaban con las
mulas los delegados de la zona y la comunidad a la que íbamos, que se llama San
Ramón. Todo fue muy apurado porque llegamos muy retrasados, después de otra
media hora larga de montar (ya les mandaré fotos, jijijij) bajo una fina lluvia.
Había mucha gente porque era el día de la patrona de allí (santa Rita) y había
seis bautizos y diez primeras comuniones en la misa que allí llega sólo dos
veces al año. El resto del año celebra los laicos/as cada domingo. Hay una
capillita de madera, una cocina-comedor de madera y zinc con fogones de leña y
piso de tierra y una pequeñita casa cural con un catrito. No hay baños (sólo
letrinas y el río) ni luz eléctrica (sólo un motor que se enciende lo
imprescindible). Almorzamos y enseguida reunión con el consejito de la
comunidad y después el tema de formación y mientras Enrique se reunía con las
familias que bautizaban o que sus niños comulgaban y yo confesaba al resto de
la comunidad. Total cuando fue a empezar la celebración ya era casi de noche
(las 17’30 largas). No hay pueblo como tal, así que la gente viene a pie o
montada varias horas para llegar y como se hizo tan tarde, al acabar casi se
fueron tod@s.

Cenamos l@s que quedamos, un rosarito y a dormir a oscuras en los
catres, hamacas y bancas. Ese día no hubo baño, ¡con lo que habíamos sudado!
Nos bañamos en el río por la mañanita Enrique y yo y ya salimos en mula hasta
donde el día anterior y luego nos recogieron en camioneta hasta La Fonseca, donde pasamos el
día con un esquema similar, pero más desahogados de tiempo, además que allí sí
hay un poquito de pueblo entorno a la capilla. Y al día siguiente cuatro
horitas de canoa por el río Kama arriba, que fueron un poco difíciles, entre
otras cosas, porque llevaba poco agua. Llegamos a La Pichinga, lugar muy bello
y vuelta a empezar. Es emocionante estar con la gente. Hay multitud de jóvenes
y niñ@s y en esa zona con rasgos mucho más indios, pues. Allí nos bañamos con
balditos en un excusadito de madera de una de las dos únicas casas que caen
cerca de la capilla de san Isidro. Por fin nos volvimos al día siguiente para
Kukra porque no fuimos a la última comunidad, sino que vino la directiva a la Pichinga y no andaban
organizados para que pudiera haber visita.
El viernes temprano bajamos de nuevo el río, mucho mejor porque
íbamos a favor de corriente y agarramos la ruta para Kukra en La Fonseca. Es un gusto llegar y
darte una ducha en condiciones e ir al baño tranquilamente. Es como en el camino
de Santiago, aprendes a valorar todas las cosas -por pequeñas que sean- de tu
propio siglo.
Ya ven, atravesamos tres siglos en tres días, bajo unas capas de
árboles preciosos y mantos de cielos estrellados que anuncian que aún no ha
amanecido del todo para mucha gente, pero el sol de Cristo pobre pero vencedor,
ya alumbra sus vidas y les da la esperanza de seguir luchando en medio de
la pobreza y la dificultad.
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