miércoles, 16 de mayo de 2012

Ya hoy una semanita en esta trepidante ciudad, capital de esta Región Autónoma del Atlántico Sur (RAAS). Y casi, casi un mes ya en Nicaragua. ¡Increíble!
Desde anoche truena, relampaguea y llueve cada vez más seguido y duro. El largo invierno tropical de esta costa caribeña ahora sí empieza. Ahorita mismo, viniendo de la zona comercial del centro del ciudad de hacer algunos recados y dar una vuelta con Tomás, un seminarista que está en año de pastoral con Isidoro, tuvimos que dar un gran rodeo para cruzar la calle, porque iba de agua casi de lado a lado.
Bluefields es una realidad muy urbana; mucho más que La Guinea. Hasta las calles principales de los barrios alejados están asfaltadas con planchas de concreto (cemento armado). Los carros y sobre todo los taxis campan a sus anchas y una Babel de lenguas (inglés-creol, mismito, español) te envuelve hasta aturdirte.
Hay varios Bluefields distintos. El centro, los muelles principales y los barrios más cercanos (Fátima, por ejemplo) tienen grandes comercios y casas relativamente buenas. El centro lo ocupa el estadio de Baseball (deporte rey de Nicaragua) y el parque central, rodeado del palacio del gobierno y la asamblea regional (el gobierno autónomo de la RAAS) y el palacio municipal (el ayuntamiento-alcaldía). La gente es cordial y te habla con facilidad (a mí en inglés, pues piensan que soy gringo, jijiji, gracias a mis raíces célticas), aunque son más retraídos que en La Guinea.

Otro Bluefields es el sajón, el barrio Beholden de mayoría negra y habla inglesa con su capilla y ritmo aparte donde ya celebré el domingo pasado porque el padre Tony eatá en EEUU. Otro Bluefields es en cuanto te sales de una calle principal y te adentras en los barrios: 19 de julio, san Pedro, santa Rosa, Pancasán, Ricardo Morales…. Mención aparte merece el barrio del Canal. Un auténtico estercolero de casas arracimadas sin orden ni concierto, ligeramente elevadas sobre el suelo sobre vigas de madera, algunas directamente sobre la marea, sobre todo cuando empieza a llover como ahora y todo se inunda (porque algo común es que no hay saneamiento de ninguna clase, huelen muy mal). Allí la parroquia (un grupo que se llama los evangelizadores/as) tiene una actividad especial de visitar casa por casa todos los domingos de este mes de mayo. Interesante. También se hace en el resto de los barrios varios días entre semana.
A los barrios se penetra por unas pistillas de cemento que llaman andenes, que a veces pasan a ser de lodo. Y empiezas a serpentear entre vegetación tupida y basura, entre casas y chabolas donde vive la gente, siempre con las puertas y ventanas abiertas. Se cruza puentes sin fin por encima de canalillos que llevan toda clase de aguas cochinas hacia la bahía. Los niños/as y jóvenes juegan y ríen despreocupados/as y la gente vive, reza, camina, trabajo, ama, sufre, llora, reza, etc. Y llegar a una casa es para ellos/as una bendición, sean de la religión que sean (hay muchas sectas evangélicas, aparte de las grandes tradiciones eclesiales: morava, anglicana, bautista y católica romana). La parroquia es la catedral y luego hay capillitas en casi todos los barrios.
Poco a poco me voy metiendo aquí y entendiendo este mundo diverso y complicado que Isidoro dice que aún a él le cuesta entender tras más de un año aquí (antes estaba en otras tareas).

El lunes próximo saldré de gira por la montaña con Enrique, el compañero que me faltaba por ver, en otro sitio que se llama Kukra Hill, a donde he de ir en Panga a motor, y allí ya, por fin, la mula, jijiji. Ya les contaré.
Con mucho cariño, PAblo.

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