martes, 20 de octubre de 2015

El cereto está listi...


El cereto[1] está listo…

Liverpool, 20th October 2015

            Much@s recordarán Gente que mueve su casa. Para quien no, es un precioso trabajo en colaboración de cuentos y canciones que lanzó ese tinerfeño universal de Güímar que es nuestro Pedro Guerra. En ese material sobre la multiculturalidad y la integración étnica hay una teoría, que ya les he dicho en otras ocasiones y que a mí me ayuda mucho: cuando alguien mueve su casa, la casa de otro se mueve; mover puede ser subir o bajar, abrir o atrancar, pero en cualquier caso siempre tiene que ser cambiar. El título de esta entrada está inspirado en uno de los cuentos del doble CD de dicho trabajo. El llamado, haciendo cestas. En él, Kareem, un inmigrante amazigh del norte de Marruecos en diferentes partes de la Península Ibérica, traza sus pasos fabricando cestas de mimbre con la técnica ancestral de su pueblo. Cada cesta tiene que contener a la anterior. Por tanto cada vez son más grandes. El punto que marca un cambio vital es cuando la cesta es tan grande como para contener un cuerpo humano.

            Mis días en Liverpool siguen pasando intensa y rápidamente, más de lo que pensaba. He vuelto a la academia un par de días en semana para mantener el nivel de la lengua. De diversas parroquias y de aquí del propio monasterio redentorista recibo encargos con los que me siento más o menos útil y ocupado, al tiempo que practico la lengua de Shakespeare.

El pasado viernes 16, fiesta de un joven santo redentorista italiano llamado Gerardo Majella, muy venerado acá, Andy y Tim, celebraban sus bodas de oro como religiosos. Durante la misa no pude contener las lágrimas emocionadas ante la sinceridad y sencillez de su agradecimiento por una vida plena de servicio a tod@s en Inglaterra y en Sudáfrica. Además a mi derecha estaba William, que con una considerable edad y tras una trombosis que le marca ostensiblemente su cuerpo, sigue visitando a diario la prisión de Walton, dando compañía y consuelo a es@s invisibles que son l@s privad@s de libertad. A mi derecha, mi risueño y rubicundo amigo Tony Jonhson, 46 años en las sabanas perdidas entre Botswana y Sudáfrica y siempre de buen humor, con una palabra amable para mí. Me sentí chiquito y bendecido rodeado de vidas de entrega: Andy, Tim, Will, Tony…  como aquella mano temblorosa de Tarsicio mi primera nochebuena en mi linda Guineíta.


La semana pasada mientras enseñaba los recovecos de esta interesante ciudad a una de las distintas amistades que se van a animando a conocer el noroeste de Inglaterra mientras la Vida me regala estar aquí, sentí esa familiaridad emotiva que te liga a los sitios y la experiencia que hacés de ellos. Y le puse nombre al sentimiento: echaré de menos esto. Todo eso que malamente les digo aquí y mucho más. Todo está a punto de caramelo. El cereto está listo: ya quepo en él. Cuando te ligas a los sitios y ellos a ti, es la señal, la partida es inminente; ahora que ya un cachito de mi corazón ha quedado pegado en esta verde ciudad portuaria, ahora preciosamente anaranjada y roja por el bendito otoño y su asombrosa creatividad en la existencia toda de los seres es hora de partir.

Con Zambia y sus retos  en el horizonte, y la retina llena de pobrezas y riquezas también aquí en Inglaterra, reemprenderé el camino, tras ÉL.


[1] Cereto es una palabra usada en el español de Canarias que significa cesto grande de mimbre o caña.

viernes, 2 de octubre de 2015

Gente que mueve su casa…


Liverpool, 2nd October 2015

                Hace una semanita o así andaba dando unas vueltitas por mis islitas y la península. Combinaba algo de visiteos familiares con el ir arreglando ya los papeles legales para mi entrada en Zambia, lo cual está ya casi listo. El caso es que en medio de esos trajines me llegó la comunicación de los resultados del examen de inglés que hice con la Cambridge University. Fueron mejores de lo que yo esperaba, 182 sobre 190, que es el máximo para el nivel al que me presenté. Me conceden el nivel C1, según el marco europeo para estas cuestiones. Estoy satisfecho. Pero no es de esto de lo que quería hablar, sino de lo que me he ido y voy encontrando mientras hago este perfeccionamiento de la lengua inglesa.

                El día que me presenté al examen aquí en Liverpool, 19 y 20 de agosto, le puse nombre a algo que llevo viendo desde que llegué. El Reino Unido está plagado de jóvenes de otras nacionalidades, especialmente del sur de Europa. En la sala del examen habríamos alrededor de 25 personas. Yo sería de los más viejos, así que entre 20 y 40 años. Más de la mitad habíamos nacido en el estado Español y en la república de Italia. Tod@s con carrera o carreras universitarias avanzadas o terminadas: profesor@s, ingenier@s, arquitect@s, médicos, etc. Much@s de ell@s con más de un año viviendo en esta trepidante ciudad de Liverpool, algun@s hasta 2 y 3 años.

                Efectivamente, las cocinas y barras de restaurantes y bares de todo tipo están llenas de jóvenes universitari@s y/o licenciad@s sureurope@s en Liverpool. Igual lo miré en London cuando fui allá; en una taberna nos atendieron una chica de Plasencia y una de Barcelona. Así es. También hay much@s buen@s enfermer@s español@s en prestigiosos hospitales ingleses. Las razones son muchas y variadas, yo creo que es una señal que acompaña a este momento que estamos viviendo. Hay mucha ansia de movilidad, experiencias distintas, aprendizaje. Hay exigencias laborales de dominio y conocimiento del inglés. Hay toda una serie de circunstancias que lo propician y permiten.

                Desde luego, y sin juzgar a nadie ni tratar de establecer odiosas comparaciones -pues estar lejos de lo originario de cada un@ siempre es duro y un hándicap importante-, nada tiene que ver esta ola latina en Great Britain con la lamentable situación de tantos miles de personas que huyen del horror de la guerra, la pobreza, el fundamentalismo y la práctica salvaje del capitalismo rampante que destroza áreas inmensas de Asia, América latina y África. La hipocresía de los mafiosos legales que son la mayoría de los gobernantes de Europa y Norteamérica y de otros sitios también, no ataca ni quiere atacar las causas que generan la muerte indecente de tantos seres humanos que buscan dignidad dentro y fuera de las fronteras de los países más acomodados. No las atacan porque ellos mismos las han creado y mantienen para beneficiarse, como fieles lacay@s del dios Mercado que devora sin cesar vidas y no se cansa de exigir nuevas víctimas sacrificiales. Tarde o temprano l@s pequeñ@s, l@s ordinari@s, la ciudadanía de a pie, tumbaremos el Capital, hay que tumbarlo.

                Mientras tanto, desde mi atalaya privilegiada de migrante que no huye sino que se mueve, seguiré recalcando que no son iguales las situaciones y condiciones de las gentes que mueven su casa en este nuestro planeta. No quiero perder el asombro ante lo que veo y en cuya realidad late la Presencia escondida que nos llama a tod@s a seguirnos moviendo. Hay mendigos ingleses que viven peor que algunos trabajadores/estudiantes sureuropeos que venimos aquí. Pero quienes llevan todas las de perder son l@s componentes de la marea que se hunde en el mar de sal o de desesperación porque ya no pueden estar en ninguna parte. Ataquemos las causas, entre tod@s. Sí se puede. El trabajo de la hormiguita unida a otros millones de hormiguitas puede desmontar y desmonta una selva entera.

jueves, 20 de agosto de 2015

Volando lejos…


                Liverpool, 20th August 2015

Esta comunidad de redentoristas que me abrió las puertas y el corazón por la cálida intercesión de Fr Chris Fallon, vive en el antiguo y encantador monasterio de Bishop Eton. Adosada al monasterio está la iglesia parroquial de Our Lady of the Anunciation, administrada por los propios frailes. Otra Chris es la secretaria de esta parroquia. Hija de vasca y gallego emigrados a Liverpool desde antes de que ella naciera, aporta un punto exótico y entrañable en esta casa de por sí bastante humana y acogedora.

                Hace unos días, mientras desayunaba algo junto a Tony Johnson, Chris se sentó con nosotros en el pequeño office a tomar su café. No es algo habitual, pues esta madre de familia esforzada, siempre está trabajando duro en su oficina. Sobre la mesa estaba una copia del folleto del funeral de Cilla Black, la estrella liverpooliana recién fallecida en su casa de Estepona. Cantante, compositora y presentadora de exitosos programas televisivos, la artista ha sido llorada por toda la ciudad. Muy asociada en su carrera a The Beatles, su muerte ha inundado de ramos de flores las calles que rodean los sitios emblemáticos de los Fabulous Four, como los pasajes que rodean a las famosas Cavern. El caso es que el folleto estaba allí porque el funeral tuvo lugar en la otra parroquia que llevan los redentoristas a sólo dos millas de aquí, St Mary in Woolton. Allí se casó hace décadas la finada Cilla, y allí se conocieron también Paul McCartney y John Lennon, no lejos de los también famosos Strawberry fields.

                Mientras comentábamos el folleto y todo lo que rodeaba al evento, salió en la conversación que el Athletic le había ganado al Barcelona la supercopa. Pues Chris es fiel y entusiasta seguidora de los leones. Yo estaba completamente ajeno a todo eso. Ni siquiera sabía que se había jugado la supercopa. Mientras le explicaba a Tony qué es eso de la supercopa y brindaba con Chris por la victoria de los de San Mamés, me di cuenta que sabía más de los resultados de la primera jornada de la Premier League, de la evolución de la última serie de Cricket entre England y Australia, de la conmoción de Liverpool por la muerte inesperada de su Cilla, de las cosas que rodean la vida parroquial de St Teresa’s in Norris Green donde he estado sustituyendo a Fr Chris las últimas semanas, de las evoluciones de los exámenes de Cambridge en los que he participado estos días, etc. que de cualquier cosa de las que salen a diario en la prensa del Estado Español. Un escalofrío me recorrió el cuerpo al sentirme volando lejos y no sentirme incómodo.

                En unos meses me espera el vértigo de volver a empacar y desempacar para seguir volando lejos y dormir en cualquier rama como cantaba Javier Álvarez, aunque en mi caso para bien; pues como dice Pablo Arribas: “Por el camino se quedaron los que pensaron que vértigo es sinónimo de miedo. Hay que sentir vértigo, del bueno, del que seduce, porque sentir vértigo no es asomarse a la incertidumbre y temer la caída: es experimentar atracción por la profundidad que se abre ante nosotros; es ser conscientes de que caer es posible”.

martes, 7 de julio de 2015

Sacando del baúl lo viejo y lo nuevo...


Liverpool, 7th July 2015.

Los pasados días 29 de junio al 3 de julio, cuando el calor arreciaba en el horno asfáltico capitalino de Madrid, un grupo amplio de compañeros del IEME buscamos el mayor frescor de Los Molinos en las estribaciones de Guadarrama para tener nuestra convivencia anual. Ha sido la primera vez que yo participo desde que me incorporara al instituto hace poco más de tres años. Según dicen los veteranos, había más número de participantes que otras veces, y también más presencia joven y de compañeros que aún trabajan en los lugares de destino.

Para mí ha sido una experiencia enriquecedora y refrescante, pausando el intenso período  de mejoramiento de la lengua inglesa en esta ciudad del norte de Inglaterra. Hubo algo de trabajo, como informes de la Dirección General y trabajo sobre los objetivos correspondientes a este año que plantea la programación quinquenal de la misma. También hubo un día de clima más reflexivo y orante, y otro de salida a Ávila a admirar parte de la edición de este año de la exposición “Las edades del hombre (y la mujer)”, especialmente dedicada este año a la Santa doctora abulense, en su quinto centenario. Pero lo que más nos ocupó fue convivir y compartir. Muchos ratos de oración, celebración, comida compartida, fiesta y alegría entre todos nosotros. Tiempo para  reencontrar a hermanos muy queridos, algunos de los cuales hacía muchos años que no abrazaba.

Tiempo también para escuchar de primera mano, con ese temblor verdadero y emocionado de nuestros mayores sus interminables anécdotas y experiencias. Un grupo grande hacía bodas de oro y plata. Todo un tesoro de vida entregada. Otros que renovaban sus compromisos temporales por cinco años más, entre ellos nuestro querido paisano, Isidoro  Sánchez, y hasta un nuevo navegante, Julián Martín de Plasencia, que firmaba por primera vez en nuestra familia. Tiempo para soñar el futuro inmediato. Un gozo especial fue abrazar a Mariano Martínez, mi hermano de lucha infatigable estos últimos años en Nueva Guinea.

Tiempo también para reunirme con la mayoría de mi nuevo grupo de Zambia y establecer los itinerarios que me llevaran a África, siempre con Canarias y también Nicaragua en el corazón. Estos días me han dejado un poso agradable que mezcla sabiamente lo nuevo y lo viejo para bien  de los destinatari@s de la misión.

Yo seguiré en Inglaterra lo que queda de año, y con Dios primero, estaré empezando la nueva presencia en África a inicios de 2016. Un saludo entrañable a tod@s. El Puente Atlántico seguirá abierto.

lunes, 25 de mayo de 2015

Cosas normales, cosas que pasan…


Liverpool, May 25th, 2015.

De esta semana me quedo con algo muy cotidiano y normal en la vida de cualquier persona y familia en cualquier lugar del mundo. Un padre cuidando de sus hij@s pequeñ@s.

                William es uno de mis profesores de la academia Imagine English, donde estoy recibiendo las clases de perfeccionamiento de lengua inglesa esta temporada. Es un “muchacho” de mi edad muy enérgico y positivo. Alto, rubio y sonriente, siempre nos recibe y despide a los dos alumnos que tiene (Saleh, de Omán y mi persona) con un abrazo rompecostillas. Cosa que creo no es muy común en l@s reservad@s británic@s.

                Aparte de sus clases de inglés, la evangelización desde su fe cristiana y una consulta propia de coaching para crecimiento personal, su principal tarea es amar a su esposa Kathy y sus tres hij@s, aún chiquit@s. La mayor tiene quince.

                El jueves a última hora, Gary, el coordinador de la academia, me chateó diciéndome que la clase del viernes era en casa de William. Así de familiar. Liverpool es una ciudad de gente muy llana y amigable, por cierto. Allá que me fui, pues, el viernes por la mañana a una típica casa de las de por acá, casi a las puertas del estadio del Liverpool FC en Anfield road. Nada más recibirme en su casa me presentó a sus dos pequeñ@s: un chavalito de unos 7 u 8 años, muy bien portado, y su pequeña princesita de tres y medio, que me recordó a mi ahijada Laurita María con su piel chelita, sus pelitos dorados y sus ojos claros. Rápidamente me di cuenta que estábamos allí porque él debía cuidar de ellos. Así de natural. Así de lindo. Y dimos nuestras tres horitas de clase en el hogar de una familia normal y amigable con sus niños en pijama en el cuarto de al lado porque ese día no tenían clase en la escuela. Tan lindo. Tan humano. Tan divino.

                L@s chinij@s sentían curiosidad por aquellos dos extraños que ocuparon su casa y a la vez tenían ansiedad por tener a su papa para ell@s cuanto antes. La misma ansiedad de Dios por cada un@ de nosotr@s, sus pequeñ@s. Dios no es impasible, ni inmutable, ni inmóvil. No. Él es alguien ansioso. Todo padre siente ansiedad por sus hij@s. ¡Cómo se moriría su corazón inmensamente grande, cuando su Hijo gritó desgarrado y aterrorizado su último aliento en la Cruz! Sus ansias por nosotr@s son como la de l@s pequeñ@s de William, siempre está impaciente porque corramos a su encuentro para abrazarnos con esos abrazos que te conquistan para siempre, como los del padre de los dos hijos calaveras de la parábola de Lucas 15. No hace falta saber lenguas para entender eso y gozarlo. Por eso el Espíritu hizo que se entendieran todas aquellas personas en Jerusalén cuando los cobardes discípulos por fin se dejaron guiar no por una idea inmóvil, sino por el Tierno, el del viento que empuja y el fuego que arde.

domingo, 3 de mayo de 2015

Mi casa, tu casa será, será mi morada…


Liverpool, 3th May 2015.

                Hoy me fui a misa a la Catedral de Liverpool. Un impresionante edificio moderno de hormigón lavado que me recuerda al edificio de Lomo Blanco del seminario de Canarias. Entre otras muchas cosas, me llamó la atención una frase de la traducción inglesa del evangelio de este 5° domingo de pascua que leyeron allí. Se trata de la que en castellano decimos: “permanezcan en mi como yo permanezco en ustedes”. La traducción que leyeron decía así en inglés: “make your home in me, as I make mine in you”. Literalmente: “construyan su hogar en mí, como yo construyo el mío en ustedes”. Lindo, ¿no? Nunca se me había pasado por la cabeza pensarlo así. Permanecer en Jesús es construir el hogar de uno en Él, porque Él construye el suyo en mí. Me resonó lo del hogar.

                El hogar es donde te hacen las lentejas como a ti te gusta que te las hagan, me escribieron hace poco. Y es cierto, en caso de que en ese lugar haya lentejas, se las pueda cocinar y sepan tus gustos. Muchas condiciones, ¿no? El hogar es algo difícil. Tan necesario como prescindible. Las dos cosas a la vez. De esas cuestiones que se echan de menos cuando no se tiene, no se está en él o se ha cambiado demasiadas veces las valija de sitio. Yo no tengo de que quejarme, tengo muchos hogares y no tengo ninguno, lo cual también es bueno para mí. Estos días que me estoy adaptando a la britishlife aquí en Liverpool, me resonó lo del hogar. Aún sin asentar del todo, viviendo de prestado gracias a la amistad y con la incertidumbre de ser aceptado o no, me resulta grandemente consolador que Jesús me llame a construir mi hogar en Él; Él, que también fue un “sinhogar”, porque tenía muchos y no tenía ninguno. El hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza, decía el insensato, ¿o sería sensato? Saber. El caso es que construir hogar en Él, me mueve.

                Pienso en las tantas buenas gentes que me han hecho las lentejas como a mí me gustan en tantos sitios y en tantos tiempos, gracias al regalo de la misión y del ministerio de presbítero. Inmerecido y emocionante. No tengo palabras para agradecer. Frasquita en Punta Mujeres me decía: “ven pa’bajo que hay lentejas”; Daisy en La Concepción de Piedra Fina, tras dos horas y resto de dura cabalgata por la montaña y con otras dos por delante hasta San José de las Brisas de dura trepada, siempre me invitaba en su humilde casita de madera: “deténganse a comer un arroz de leche recién hecho”; mamaíta Ana cuando falta una semana para que yo llegue a su casa de Schamann, atiborra los congeladores de potajes, albondigones, ensaladilla rusa, flanes caseros, queques, etc. para mí. El hogar es lo definitivo, y sin embargo sabemos que no tenemos aquí morada permanente.

                Como san Ignacio hizo y prescribió a los suyos para siempre, quiero seguir peregrinando con mil hogares y ninguno, por todos aquellos que pierden su hogar, que nunca lo tuvieron y nunca lo tendrán, que son arrancados de él con violencia o que no experimentan ningún lugar como tal. Ellos, los nadies, los sinhogar del mundo y de toda cultura son los favoritos de aquel que hace su hogar en cada uno/a de los vivientes. Allí lo quiero buscar, naciendo y renaciendo cuantas veces haga falta.

                Estos días me siento extranjero, emigrante, desconocido y con mil hogares y sin ninguno. Pero sé que “tu casa mi casa será, será mi morada”.

miércoles, 22 de abril de 2015

Pisando suelo, conectando realidades…


Madrid, 22 de abril de 2015.

Tratando de ponerle nombre a este momento de mi vida, me vino a la mente la película “Los puentes de Madison” en la que una excelente dirección de fotografía tomaba como excusa la historia del romance entre los personajes que encarnaban Meryl Streep y Clint Eastwood, para mostrarnos sosegadamente la belleza de los puentes que surcan el Madison County en el estado de Iowa. Muchos de mi generación llevamos la lenta sucesión de paisajes impresionantes de aquella cinta en la cabeza. La excusa citada –la aventura entre Francesca y Robert-, me lleva también a la realidad de las emociones que surgen en lo más cotidiano de los encuentros y la incontrolable energía que generan en la vida de l@s que van y l@s que están, de l@s que se quedan y hacen que otr@s vengan. Conexión de suelos distintos, realidades que se intercambian para generar más movimientos. Como apuntaba mi paisano Pedro Guerra: cuando uno mueve su casa, la casa de otro se mueve. Mover puede ser abrir o puede ser cerrar, puede ser trasladar o puede ser atrancar, puede ser construir o derribar, puede ser… pero, en cualquier caso, mover siempre tiene que ser cambiar.

Puente, como se llamaba también la revista de mi Seminario Diocesano de Canarias de cuyo grupo redactor formé parte por años. Para mí ser misionero es ser puente, Puente Atlántico, como lo han sido y lo son mis pequeñas islitas, que aunque chica sea la patria, uno grande la sueña, como decía Rubén Darío. Hace tres años ese puente se estableció entre Canarias y La Costa Caribe de Nicaragua. Tres años de conocimiento, aprendizaje, compartir, sabiduría, errores, amor, ternura, risas y llantos, encuentros, cotidianeidad, asombro, seguimiento, lucha. Puentes como los muchos que surcan la difícil orografía del territorio nuevoguineano donde me he movido mayormente. La primera vez que recorrí las llamadas zonas 5/2 y 12/2 de mi querida parroquia san Martín de Porres, esa fue una de las síntesis. “Esta es la zona de los puentes”, nos dijimos hermanita Reyna y yo, que nos estrenábamos en aquellos lados. Se trata de la zona situada entre la colonia Puerto Príncipe y el mar Caribe, atravesada por el laberíntico entramado acuático de los muchos ríos y caños que dan con el gran Punta Gorda, auténtica autopista fluvial de la zona. Llegar a un pequeño bajo inundado y que haya un puente en medianas condiciones para pasar la bestia y el ser humano, puede ser la diferencia entre llegar al sitio o quedar varado como cetáceo en la orilla equivocada. Esos humildes y casi siempre rudimentarios amasijos de maderas y hierros hacen que la meta sea posible y el intercambio evangelizador se dé.

Igual que los puentes de mi linda Guinea quiero ser yo. Punto e instrumento de conexión entre suelos, personas, realidades y culturas diversas. Sólo en esa interculturalidad en la que ninguna orilla es más importante que la otra se puede dar el encuentro con lo Real. Lo Real para nosotros es Jesucristo, el Reino de Dios hecho carne; y sólo ahí está el manantial de dónde puede brotar lo mejor de cada sitio que su Buena Noticia del Padre misericordioso oculta y transluce en cada célula de vida.

¿Y el puente? Ahí está, feliz. Calladamente feliz de ser el suelo que pisan todas esas vitalidades que se interconectan para sacar lo mejor de cada una y crear posibilidades de ternura y compromiso. El Puente que soy yo, o mejor, en el que yo he sido llamado a poner mi nombre, ahora se está construyendo hacia el punto cardinal contrario, y surcará más tierra que agua. Los miles de kilómetros de tierra que separan -tras los poco más de 100 km de agua que hay entre Canarias y el continente africano- mi nacioncita isleña de la gran nación surafricana que es Zambia. El puente tendrá que aprender a mirar, escuchar, oler, acariciar y gustar las sensaciones de la cultura Kaonde, Luvale o Lunda, para poderlas dar a conocer a  la mezcla cosmopolita y tricontinental que vive, ama, sufre y muere en las islas afortunadas. ¿La aspiración? Que Jesucristo sea más conocido, amado, seguido a ambos lados, y como consecuencia que la vida sea más justa, equitativa, feliz y humana para todas las personas interconectadas de esta manera.

Miedo le da al puente no poder absorberlo todo o verse desbordado por los estímulos que genera realidad tan distinta con sus condicionantes propios. Por eso, al suave y con paciencia deja que el carpintero de Nazaret apuntale los pilares con su Vida en plenitud, esperando que como Felipe sirvió para que Samaría se llenara de alegría, así también suceda en esos lares y en esas almas encarnadas, conectadas por el Puente.

martes, 20 de enero de 2015

Una imagen que se me vino…


Manresa, 20 de enero de 2015.
          Los árboles del maltratado bosque tropical de la montaña nuevoguineana, a pesar de todo, tienen una explosión colorida cada uno en su época correspondiente. Una de las cosas que más me ha embelesado en estos dos años de recorrer en bestia mular los caminitos selváticos y ganaderos del sureste nicaribeño es la vegetación. El amarillo intenso y vivo de los palos de Cortés; El naranja fogoso pero dulzón de las Llamas del bosque; la alfombra rosa fucsia, primero en las ramas y después en el suelo, de los palos de pera; etc.

De la misma manera, los árboles de las vidas de l@s jóvenes y adolescentes que pueblan los grupos de la pastoral juvenil vocacional misionera de la parroquia San Martín de Porres en Nueva Guinea, a pesar de tener bastante maltrato también son una explosión de colores: el rojo pasión de la generosidad para la respuesta a Jesús, el violeta del sacrificio y el trabajo por y para la familia en condiciones difíciles e incómodas, el verde esperanzado de la alegría de vivir y compartir lo que son y tienen, etc.

Ya desde este tiempo distinto de reflexión en esta gélida Manresa, hoy se me vino a la cabeza, pensando en mi propia experiencia de vida a la luz de la del peregrino Ignacio, una imagen de lo vivido en Nueva Guinea. Imagen que corresponde a una vivencia, quizás una de las más consoladoras de mi paso por aquella amada parroquia.

Era agosto del pasado 2014. Recién llegado de las vacaciones tocaba preparar el retiro anual para jóvenes. Nos costó idear cómo hacerlo. Echamos una mañana hermanita Rosa, hermanita Damaris y mi persona. No queríamos dar un taller a base de temas. Queríamos ofrecer espacio de silencio para el encuentro con Dios. Apostamos por la capacidad de los jóvenes para hacerlo y…. ¡bingo!

Dedicamos el primer día a ofrecerles en grupitos más reducidos espacios de silencio guiados y acompañados de metodología y la Palabra de Dios. Yo trabajé con unos veinte. Me sobrecogieron. Al pintar su autobiografía como árboles, casi tod@s lloraron de emoción y se abandonaron en un respetuoso silencio en las manos de Dios. Con un silencio y una capacidad que raras veces l@s adult@s tenemos.

Al pensar hoy en la vida que Diosito ha ido infundiendo en el propio árbol que soy yo, les recordé a ell@s, y lo gozoso que fue para Rosa, Damaris y yo mismo, el acompañar aquel momento. Y me quedé meditando en un silencio agradecido como la mejor manera de encontrarlo a Él, que siempre nos busca apasionadamente.